IDECO

Estoy escribiendo este blog durante una clase de Finanzas Corporativas, así que se podrán imaginar mi capacidad para mantener la atención a algo que suena (y es) muy poco interesante, al menos para alguien que vive para el arte, la gente, los negocios (en su operación), y que está trabajando para construir una empresa cuya misión es ayudar a la gente en vez de volver ricos a sus dueños.

Brooklyn Grange

Durante la última entrada en este blog, hace ya más de dos meses, relataba lo que había aprendido durante mi investigación con gente que se dedica a cultivar y vender productos orgánicos. También estaba a punto de asistir a la primera junta dentro de la Incubadora de Empresas de la universidad. Desde entonces muchas cosas han pasado, la idea se ha transformado y el futuro parece mucho más prometedor pero también más atribulado. Permítanme compartirles las razones y espero que les ayude si en algún momento quieren emprender (en cualquier ámbito).

Unas horas después de escribir en el blog asistí al primer taller en la Incubadora, una junta introductoria al concepto de emprendimiento, a lo que debemos aspirar y un conjunto de cuestiones de por qué los negocios ya no son (o no deberían ser) los monstruos-come-dinero que todos imaginamos. La persona que dio el taller era alguien que yo conocía y admiraba tiempo atrás, alguien involucrado en toda clase de proyectos y actividades relacionadas al emprendimiento de alto impacto en el Tecnológico. Él también me reconoció, pero fue hasta el final del taller que decidió no olvidarme. De hecho no he tenido ninguna actividad nuevamente con él, pero he escuchado de primera mano que él espera grandes cosas de el proyecto y también de mi mismo.

Asistí a dos asesorías y dos talleres más durante el mes siguiente. Jonathan era mi asesor personal, aquella persona que se encargaría de verificar semana tras semana el progreso en el diseño y planteamiento de la idea. Probablemente lo que decía no era nada que no hubiese escuchado, ni cuestiones que no hubiese considerado luego de un año de forjar el proyecto, pero sin duda hablar de este ante alguien que había visto todo tipo de proyectos triunfar o fracasar (él mismo lo había vivido), me ayudaba a ponerle nombre a mis ideas, y a saber en dónde demonios cabían dentro del gran esquema que tengo en mi cabeza.

Sin embargo, como todo lo que vale la pena en esta vida, se presentaron obstáculos que buscarían mermar cualquier esperanza que tuviera en la plausibilidad de la idea. Un mes después del taller me llegó un correo informándome que me habían cancelado todos los servicios dentro de la Incubadora, y que mi asesor ya estaba al tanto de ello. Inmediatamente acudí a sus oficinas, con Ana Castillo, la única persona que yo sabía que podía resolver el problema, enterándome de que efectivamente tenía que pagar la mensualidad correspondiente a la Incubadora. Por supuesto que le dije que había solicitado una beca meses antes enviando una carta de motivos y otros documentos describiendo la idea. Ella no tenía ni idea, así que acudimos con la directora de la Incubadora. Sentada en su oficina, esta mujer se limitó a  girar la cabeza, y ante la pregunta de que si había recibido mi solicitud no hizo nada por buscar ningún documento guardado ni correo electrónico recibido, así que se rindió, luego de cinco segundos de pensar en mi nombre, y preguntó si era alumno del ITESM. Ante mi respuesta afirmativa dijo que entonces sí tenía el 50% de beca. ¿Qué significaba eso? Que probablemente nunca leyó los correos que le envié. Que si los leyó, no los recordaba en lo más mínimo. Que si los leyó y los recordaba, no le había importado ni un bledo porque de todas formas la beca no me la había otorgado por eso. Y dado que soy un soberbio que se toma las cosas a pecho, decidí darle la espalda a un conjunto de personas que me pareció que trabaja porque le pagan y no porque realmente le apasione lo que hacen. Me decepcionaron mucho, sobre todo porque sigo creyendo en las intenciones auténticas de muchas personas dentro de esta universidad en escuchar las ideas originales y apoyarlas. Ya no aprovecharía la experiencia dentro de la Incubadora, no tendría acceso al financiamiento que podría recibir con un proyecto avalado por la Incubadora, y probablemente tardaría muchos meses más en lanzar la idea a una escala sostenible. A pesar de eso, aún estoy viendo qué opciones tengo para ingresar a esa Incubadora.

Durante los últimos meses mi padre se ha dedicado a enfrentar una demanda sumamente delicada por la que podría terminar en la carcel. Ha tenido que gastar 50,000 pesos (hasta ahora) y lo peor de todo es que prácticamente lo ha tenido que enfrentar sólo. Ni su familia ni amifos, más que un primo y sus hijos estamos presentes para apoyarlo. Todo lo que ha tenido que gastar (dinero y esfuerzo) en una demanda estúpida y sin sentido es mucho más de lo que yo necesitaría para lanzar la idea al mercado, y ayudar no solo a las personas que trabajarían en la empresa sino también a mi familia.

Solo trato de mantener una cosa presente todos los días que me despierto: trágate tu preocupación, o lágrimas, por lo que sea, porque es la única manera de que salgas adelante. Me cuesta trabajo, pero lo estoy logrando.

Pero nada es tan difícil como para que te rindas. Unos días antes de que pasara lo de la Incubadora dos personas se acercaron a mi y me dijeron, sin que yo sospechara nada, y sin dudarlo, que querían unirse al proyecto, que lo habían pensado durante un tiempo, considerando muchas cuestiones, pero que finalmente estaban convencidos de que eso era lo que querían hacer. Probablemente pocos me han dicho algo tan conmovedor: era una confirmación de que no solo la idea podía inspirar a las personas, a cualquier persona, no solo a un visionario de los negocios o a un conservacionista de Greenpeace, sino que también confiaban en mi como líder, y confiaban en que juntos podríamos lograr algo increíble. El primero en acercarse fue mi amigo desde hace varios años Carlos Elizarrarás, estudiante de Ingeniería Mecánica para la Administración y apasionado de las ideas innovadoras. El segundo fue mi amiga y compañera de Lic. en Contaduría Pública y Finanzas Barbara García, una persona que, como yo, lucha todos los días por encontrarse dentro de una carrera tan difícil y con temas tan ajenos a si mismo. Los dos son personas que huyen de trabajar dentro de una oficina con un montón de papeles aburridos, que prefieren salir al mundo y vivir una aventura cada día. Sé que juntos haremos un gran trabajo.

Como les comenté en el último blog, la idea del proyecto la tomamos para desarollar un presupuesto financiero dentro de una de las materias más complejas y laboriosas de la carrera: Sistemas de Planeación Estratégica y Control Administrativo. Barbara, otra compañera, Edna, y yo hemos investigado y establecido muchas cuestiones que me han ayudado a conocer los problemas que se presentarán en el día a día de la empresa. Cuestiones económicas, cuestiones laborales, técnicas, administrativas, climáticas, prácticamente todo nos lo hemos tenido que preguntar para asegurarnos de estar realizando un presupuesto completamente verídico sobre lo que pasaría si hoy iniciáramos con esta idea. Claro que la idea no podrá iniciar de esa forma, sobre todo porque no tenemos los 100,000 pesos que necesitaríamos, pero aún así nos ha servido mucho.

Fue trabajando en este proyecto alterno que la idea de este blog recibió su nombre: Innovación y Desarrollo Ecológico (IDECO). Ya hay muchas personas que ubican muy bien este nombre, y eso es decir algo.

Para este presupuesto tuvimos que realizar un vago estudio de mercado a nuestros posibles clientes. Mis compañeras de clase y yo acudimos a restaurantes que podrían comprar los vegetales, preguntándoles su opinión sobre los productos orgánicos y sobre los que ya consumían. Los resultados fueron sorprendentes. A los restauranteros les gusta mucho utilizar productos que sean más sanos, frescos y sustentables, y muchas veces lo hacen aunque esto represente un mayor costo. El problema, dicen, es que la oferta es muy poca y los precios son exageradamente altos. Afirman, además, que muchas veces consideran que no vale la pena invertir en esos alimentos si no pueden ver directamente cómo se están elaborando. Muchas personas han llegado a sus negocios o en los mercados ofreciendo productos orgánicos que ellos no pueden comprobar de ninguna manera, pero a un precio comparativamente más de 100%  más alto.

Frescura, calidad, texturas, sabores, saludable, todas son características que a ellos les interesa más que el costo de sus insumos, sobre todo porque no representan un porcentaje muy alto de todos sus costos y gastos en el negocio. Algunos de ellos se enteraron de la idea que teníamos y no sólo les gustó sino que incluso preguntaron cuándo podrían empezar a comprarnos. Obviamente les explicamos que estábamos en la primera etapa, pero que con gusto los visitaríamos cuando tuviéramos un buen producto para ofrecerles.

En la siguiente entrada les contaré sobre la visita que realizamos a un productor de jitomates dentro de la ciudad y un joven emprendedor que ya está operando y vendiendo lechugas a restaurantes. Todo lo que hemos aprendido me dice que muy pronto estaremos en medio de un montón de lechugas y plantas que demostrarán que se puede resolver el problema de la inflación con procesos sustentables y propiciando el desarrollo económico de las familias en las ciudades.

vertical farming

Si quieres saber más sobre el proyecto, continúa leyendo este blog. También te invito a que leas las entradas anteriores.

Muchas gracias y te deseo lo mejor.

 

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3 responses to “IDECO”

  1. antonioltp says :

    Reblogged this on antonioltp and commented:

    Todas las buenas ideas tienen una historia:

  2. Dulce Avendaño says :

    Sigue adelante, lucha día a día por tus sueños, se el dueño de tu destino y no te rindas nunca para alcanzarlo, no. Importa cuan difíciles sean los obstáculos que tengas que sortear, entre más grande sea la montaña por escala más grande será la satisfacción que sentirás al llegar a la a su punto más alto.

    T.A.

  3. Lucia Rodriguez says :

    Apasionante descripción de todas las experiencias que estas adquiriendo Toño 🙂 Te felicito y desde que conoci tu forma de pensamiento y la forma de ver la vida, supe que tu futuro sería prometedor.

    La idea y todo el proyecto me llaman mucho la atención, sin embargo en estos momentos me encuentro apoyando y dándole atención a mi familia además de otras cosas. Sabes que apoyar me gusta y formar parte de este proyecto me interesa, pero se que para mi este no es el momento indicado, pero te aseguro que más adelante me veras ya platicando contigo de esto.

    Felicidades

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